El objetivo

El equipo ganador es el que se levanta el primero después de una derrota

sábado, 6 de noviembre de 2010

El oprimido corazón de la élite

Miguel García, Rubén de la Red y Fabricio Oberto. Tres nombres y un órgano en común: el corazón. Los tres han dicho adiós al mundo del deporte profesional en las últimas 72 horas por problemas en motor del cuerpo. En el recuerdo, Antonio Puerta, Dani Jarque, Miklos Feher, Vivien Foe… éstos no tuvieron la suerte de salvarse; García, De la Red y Oberto, sí.

Tal cantidad de infartos y problemas en el corazón comienza a preocupar a la sociedad por su alta frecuencia. Otros, como en Italia, se pregunta por qué ocurre tanto en España (sombra del dopaje…); y están los que como Pepe Mel comentan rotundamente que “en mi época ésto no sucedía”.

Para los italianos no tengo respuesta, si acaso me atrevo a decir que por aquellos recónditos caminos de la casualidad. Los médicos deportivos manejan unas cifras: los infartos en deportistas de élite los sufren uno de cada 50.000; mientras que en los deportistas no profesionales la proporción baja hasta uno de cada 500.000.

Le escuché decir a un cardiólogo en una tertulia que ahora el deporte profesional, a nivel cardiovascular, es perjudicial. Me agarro al comentario para contestarle a Mel. En su época el ritmo de juego, la exigencia a los deportistas, el profesionalismo resultaba infinitamente inferior al actual.

¿Las causas? Ni los propios galenos las saben. Ocurre y, por el momento, la única solución es la prevención, la misma que salvó a García, De la Red y Oberto. La FIFA, la NBA y organismos semejantes deberían tomarse en serio y volcarse en analizar el tema. Quizá no lo hagan porque pueden acabar descubriendo que es “su negocio”, con tantos partidos, tantos viajes, tanto estrés el que aumenta el riesgo. O quizá ya lo sepan y no lo quieran admitir.