El objetivo

El equipo ganador es el que se levanta el primero después de una derrota

jueves, 8 de julio de 2010

Sí, estamos en la Final

No voy a mentirles. No estoy llorando. Quizá mi cuerpo, mi mente me esté reservando las lágrimas para el domingo. Para la final de la Copa del Mundo de Fútbol que va a jugar la Roja ante Holanda. Ahora mismo, a las 22:27 de la noche no sé qué decir, pero escribir es la única manera que tengo de expresarme porque estoy afónico.

Creo que como ustedes he gozado, he sufrido y me he emocionado. Creo que como usted, voy a celebrar un hito histórico de unos jugadores históricos. Se acabó Brasil del 50, como se acabó el gol de Marcelino. Porque no lo olviden, éstos mismos españoles jugaron hace menos de un mes ante Suiza. Entonces demostraron que, sí, que los accidentes también ocurren, pero no frecuentan. Y por cierto, un 10 para Del Bosque.

Ahora, como hoy, sólo queda disfrutar de algo que puede nunca veamos, o puede que sí. No lo sé, pero yo lo voy a disfrutar como si fuera la primera vez. Porque sí, porque en realidad es la primera vez que veo a la Selección Española en la final del Mundial. Gracias muchachos.

Cuando Xavi dice esto es España

Una delicia de Orfeo Suárez, jefe de Deportes de El Mundo.

Un periodista extranjero abordó a Xavi en la zona mixta del estadio Moses Mabhida, en Durban, y le preguntó: "¿Esto es otro triunfo del Barça, no ?". El centrocampista lo miró, serio, y contestó: "Esto no es el Barcelona, es la selección, esto es España". Es innegable la aportación de la escuela de la Masia, del fútbol que ejemplifica como ningún otro este arquitecto del juego. Seis jugadores, más Villa, es decir siete, fueron titulares en el equipo que derrotó a Alemania, con lo centrales, la mayoría de los centrocampistas principales y los delanteros. Las palabras de Xavi, sin embargo, incidían en el mensaje de entenderlo como una parte del todo, la parte importante, pero una parte.

Xavi, en concreto, lo dijo desde el convencimento. No es un tipo que disimule, es optimista, práctico y muy, muy sincero. Como Puyol, que ni siquera en su día de gloria traicionó su costumbre de no hablar en las zonas mixtas. Le repele lo mediático, aunque seguramente no podrá resistirse al acoso. Xavi creció bajo la mortificante comparación con Guardiola en su club, y fue un seleccionador quien cambió su mentalidad y le hizo creer en una nueva jerarquía. "Durante años me consideraba un jugador importante, pero fue Luis quien me convenció de que debía ser el jugador clave. Después también lo hizo Pep", confesó a este periodista.

La Eurocopa, de la que salió como el mejor jugador del continente, multiplicó su dimensión, le hizo sentir el rol que le llevó a dirigir al mejor Barcelona de la historia. Es cierto, pues, que España le debe mucho al Barcelona, pero el club tiene también una pequeña deuda con la selección. Al volver de Viena, ni Xavi, ni Puyol, ni Iniesta recibieron ni un solo sms de felicitación de su presidente, Joan Laporta, ni de su club, que ese mismo año dedicó una portada de su revista corporativa al título olímpico de Messi. A los futbolistas les dolió, pero callaron.

Un olvido mezquino de un personaje sin clase, que presidió un gran Barcelona en lo deportivo pero sometió a sus caprichos mundanos y políticos a una entidad ejemplar, que no sólo le debe lo que es a Cruyff, sino a muchas personas y empleados que trabajaron por una entidad sin divisiones, como los desaparecidos Oriol Tort, uno de esos técnicos de base a los que iban dirigidas las palabras de Vicente del Bosque tras la victoria, en una lección de lo que significa saber ganar. Como Ricard Maxenchs, el mejor anfitrión, como Evarist Murtra, artífice del acuerdo con Unicef, y como ahora Pep Guardiola. Con todos ellos está en sintonía Xavi, y todos ellos, incluso quienes ya no están entre nosotros, celebraron en alguna parte la clasificación de España, tan suya como nuestra.

miércoles, 7 de julio de 2010

¡Vamos por todo!

Llevo unos días cagado de miedo, la verdad. Alemania me asusta. Antes lo hicieron Paraguay y Portugal, pero más por la maldita maldición de los cuartos, de Corea, Italia, Bélgica, Francia... Ahora el miedo germano es más un vértigo nunca probado de estar una semifinal de un Mundial ante los que "siempre ganan", como diría Linneker.

Pero de repenten, hoy, día de partido, me he levantado más optimista que nunca. Ya no tengo pavor, ahora segrego ansia de partido. Ganas de ver el partido. De repente la confianza en España, en esta España que ha roto maldiciones y estupideces, ahora, esa confianza, ha vuelto a florecer en mi interior como hace dos años. Y más, tras leer una entrevista a Xavi Hernández, el cerebro.

Escribo esto mientras de fondo, en mi ordenador suena el Waka Waka. "This time for Africa", canta Shakira. "This time for Spain", me late el corazón. ¡Vamos por todo!

martes, 6 de julio de 2010

¡Por qué será!

Esta mañana escuché en la radio una pregunta: ¿Con qué se ha emocionado usted en la vida? Repasando mentalmente en la cama mientras me iba levantando, momento poco recomendable para darle esfuerzo al cerebro, me vinieron varios instantes.

Evidentemente, el día de mi graduación era uno de los primeros. También algún momento personal de poca importancia para el caso. Pero el top tres estaba copado. Sevilla y el Sánchez Pijuán quedará marcado para siempre. Pero sin duda ha sido La Roja quien más me ha reportado.

Espero y deseo que lo del sábado vaya bajando en mi lista, porque espero y deseo que el miércoles, que el domingo... bueno, no lo voy a decir. Solo quiero repetir las lágrimas del 29 de junio de 2008. Por qué será que el fútbol es un deporte de emociones...

miércoles, 30 de junio de 2010

Fútbol, cuestión de Estado

El fútbol es como una bola de nieve que baja por una montaña. Cada década más importante y con más repercusión. Y no solo me refiero a que el partido de España ante Portugal mantuvo la atención de 13 millones de espectadores; o que el programa más visto de la historia de la televisión en nuestro país sea la final de la Eurocopa 2008. Va cada vez más allá.

En Nigeria, el presidente Goodluck Jonathan ha ordenado suspender a su selección de participar en cualquier competición internacional durante los dos próximos años. Lo hace, dice, para reorganizar un equipo que ha caído en la primera fase del Mundial de Sudáfrica. Claro que también habría que entender las expectativas: desde la Federación de Fútbol nigeriana marcaron el objetivo de las semifinales. Vamos, un salto al vacío para un seleccionador, el sueco Lagerback, que tomó posesión del cargo a principios de año.

Menos mal que Goodluck es presidente de Nigeria y no de Francia. Eso deberá pensar Domenech, ex seleccionador francés. A pesar de todo, el fútbol en el país vecino también roza la cuestión de Estado. Henry se reunió con Sarkozy, Domenech tuvo que ir al Parlamento a dar explicaciones, aunque en su caso no sólo por la prematura y previsible eliminación, sino por el espantoso ridículo de unos jugadores que han demostrado que la profesionalidad no la metieron en la maleta.

Mientras, en nuestro país, de momento el Presidente solo se mete en el vestuario de la Selección para pillarle la camiseta a su hija. Bueno, en realidad fue Lissavetzky quien se la pidió a “El 7 de España”. Ya se lo dijo el gran Juanma Castaño: “¡Cómo se nota quién tiene enchufe!”. Porque de momento en España el único que ha criticado ha sido Aragonés. Críticas por otra parte, gusten o no, constructivas, luego positivas.

Afortunadamente España está en cuartos y no parece que Zapatero vaya a excluir a la Selección del panorama internacional, ni que Del Bosque acuda al Congreso a dar explicaciones. Pero, sí, el fútbol en España también es cuestión de Estado. Ya verán la que se haya montado en caso de ganar a Paraguay. Enhorabuena, amig@s, nos esperan una días muy felices. Tengo una corazonada.

miércoles, 16 de junio de 2010

Hemos tropezado, pero no caído

Les pido hacer un pequeño esfuerzo de memoria. Ya sé que no estará el ánimo para tal denuedo, pero retrocedan al mes de septiembre del año pasado, al Eurobasket de Polonia. España, actual Campeona del Mundo, sumaba su segunda derrota ante Turquía, y prensa y afición nos echábamos encima de una selección ejemplar. Llovieron los palos, augurando una inminente eliminación. El desenlace de aquella historia ya lo saben.

Poco a poco, a medida que voy sumando años a mi vida, me doy cuenta del carácter derrotista que tenemos en España. Ganamos, y todos somos guapos; perdemos, y ya buscamos culpables. La derrota ante Suiza no debe hacernos olvidar que somos Campeones de Europa, favoritos al título y el equipo que mejor juega.

En momentos como este, en días como aquellos que vivió la Selección de Baloncesto, tenemos que aprender a madurar. Tomar un poco del carácter alemán y del espíritu italiano. Ahora que tenemos un ADN futbolístico, que nos hemos encontrado en la penumbra de la historia, ahora que presumimos de este estilo nacional, ahora tiene que surgir la confianza.

No iba a ser fácil. Suiza nos ha puesto los pies en el suelo. Por eso la victoria sabrá mejor, porque nos acordaremos de este primer día, de esa tarde de ayer donde no sabíamos qué hacer ni qué decir. La hipótesis fundamental del fútbol aclara que gana quien más goles marca; pero un axioma ineludible traza que con 23 tiros a portería es imposible que España vuelva a irse de vacío de un partido. Hemos tropezado, pero no hemos caído. No lo olviden.

lunes, 14 de junio de 2010

Los Malqueridos

¡Ha vuelto! El gran Enric González tendrá durante el Mundial 2010 un blog, 10 Dibuje, Maestro, en El País. Ya nos ha dejado perlas blancas de historietas futbolísticas. Os dejo esta, pero os invito-obligo a que visitéis su sitio. Espectacular.

Dentro de la ciencia del mundialismo futbolístico, sobre la que peroramos miles de comentaristas, una de las disciplinas más enigmáticas es la referida a las antipatías. ¿Por qué hay selecciones simpáticas y selecciones antipáticas? No está nada claro. La pentacampeona Brasil, por ejemplo, suele caer bien. Por su fútbol alegre, dicen. Y, sin embargo, ciñéndonos a las últimas décadas, jugó de forma mediocre en 1974, 1978, 1986 y 1990, fue insufrible (pese al éxito) en 1994, no estuvo mal en 1998, tiró de Ronaldo en 2002 y en 2006 volvió a aburrir. Será la “torcida”, siempre afable y bullanguera.

Alemania suele aburrir, pero de las diferentes encuestas realizadas en distintos países se desprende que, salvo en Inglaterra y Holanda, el público la acepta sin demasiadas manías. Por otra parte, resulta evidente que el régimen político del país al que representan las selecciones no tiene nada que ver con simpatías o antipatías: Corea del Norte fue la niña bonita de 1966 y a la gente se nos caía la baba con Zaire (hoy Congo) en 1974. Si fuera por la estética futbolística, Italia debería caer como un tiro, pero, por razones estéticas de otra índole, tiende a captar las simpatías de un sector del público mayoritariamente femenino.

La evolución de la imagen de Francia constituye un caso aparte. Francia no existió, en materia de selección futbolística, hasta Suecia-58, el Mundial en el que Fontaine asombró con sus goles. Luego volvió a la nada. En los 60 y los 70 solía decirse que los franceses sólo eran buenos en los deportes que se practicaban sobre una silla, mayormente el ciclismo. La irrupción de Prost en la Fórmula 1 reforzó la tesis. El fútbol francés sólo interesaba (moderadamente) a los franceses. La selección, “les bleues”, carecía de imagen.

Pero en 1978 se abrió un potente caudal de simpatía hacia Francia. Aquel fue el Mundial de Argentina, el Mundial de la Junta militar, los torturados y los desaparecidos; el Mundial en el que estuvo Kempes pero no Cruyff. Francia llegó con un equipillo en el que destacaba un tipo de 23 años llamado Platini y en el que imperaba un gran desorden. Michel Hidalgo acababa de hacerse cargo de la dirección, los veteranos miraban con desconfianza a los nuevos y no se sabía muy bien a qué jugaba el equipo. Al cabo de dos partidos ya estaban eliminados. El tercero, en el que ya no se jugaban nada, resultó especial.

Se enfrentaban a Hungría y les dijeron que no fueran de azul para que en la televisión en blanco y negro no se confundieran con los húngaros, de rojo. Alguien les dijo lo mismo a los húngaros, y ambas selecciones comparecieron de blanco. Los franceses tuvieron que pedir las camisetas a un modesto equipo de Mar del Plata, el Kimberley, que lucía franjas verdes y blancas. (Un inciso: el nombre de Kimberley se le ocurrió a uno de los fundadores viendo un documental en el cine que hablaba de las minas de Kimberley, precisamente en Suráfrica).

En ese partido sin trascendencia, Francia jugó estupendamente. Y dio una idea de lo que iba a ser en los años siguientes: campeones de la Eurocopa-84 (aquella del fallo de Arconada) y finalistas morales en el Mundial de España (el portero alemán Schumacher debió ser expulsado y procesado por intentar asesinar a Battiston). Además de alegrar a los aficionados por su fútbol ante Hungría y de caer bien por la modestia de sus camisetas blanquiverdes, los franceses enviaron una carta de protesta contra la dictadura argentina y quedaron como señores. Francia se convirtió de repente en una selección simpática.

“Les Bleues” volvieron a un discretísimo nivel competitivo tras la generación Platini, pese a contar con tipos como Cantona, Ginola, Papin y otros. Y enamoraron al planeta a partir del Mundial que jugaron en casa, en 1998. ¿Cómo no quedar seducido por un equipo en el que jugaba Zidane?. Incluso su estrepitoso fracaso en 2002 (los campeones cayeron eliminados en la primera fase) sirvió para darles una imagen de genios irregulares y atormentados. “Les Bleues” eran simpáticos.

En Alemania-06 estuvieron a punto, a punto, de volver a la cumbre. Pero el icónico cabezazo de Zidane a Materazzi pareció marcar un punto y aparte. Con aquel cabezazo comenzó una profunda transformación de la imagen francesa.

Haciendo un promedio de las encuestas realizadas en Europa y Suramérica, Francia gana de calle (con Argentina a una cierta distancia) el título de selección más antipática. Tal vez porque el seleccionador, Domenech, es profundamente borde. Pero hay otros seleccionadores bordes. Tal vez porque se clasificó gracias a la mano de Henry. Pero también Maradona marcó un célebre gol con la mano, y en ese caso se trató de una intervención divina.

Reconozco que no alcanzo a comprender los motivos de tanta malquerencia. Debo admitir, por otra parte, que a mí tampoco me caen nada bien. Lo dicho: estas cuestiones son bastante enigmáticas.