El objetivo

El equipo ganador es el que se levanta el primero después de una derrota

miércoles, 21 de abril de 2010

Samaranch

Hace ya unos cuantos años, un domingo, cuando mi padre me llevaba en coche a jugar un partido de fútbol, abrí una revista que venía con el periódico y vi a un señor cuyo rostro rugoso, perfil chupado y pelo blanco me llamó la atención. Recuerdo que me impresionó su apellido, Samaranch, y recuerdo, aún con más sorpresa, que era español y, además, quien mandaba en el deporte, algo así como el rey de los Juegos Olímpicos. Era usted, señor Samaranch. Y desde entonces su figura me enfundó respeto y admiración.


Luego, con el paso del tiempo, a medida que iba desperezando mi modorra infantil, fui teniendo mayor conciencia del cargo que ocupaba: presidente del Comité Olímpico Internacional. ¿Un español jefe del deporte?, me preguntaba. Lo que me obligaba a leer más sobre usted.


Cuanto más leía, más me sorprendía. Había formado parte del Franquismo, y, sin embargo, fueron los apoyos de la URSS los que le ayudaron para acceder al cargo de presidente del COI.
Poco a poco, a medida que mi interés por el periodismo me llevaba a preguntármelo todo, supe que usted había sido corresponsal en los Juegos Olímpicos del Helsinki. Vamos, lo que un periodista en ciernes y amante del deporte como yo desea con toda su alma.



De usted siempre halaban su figura y hablan maravillas: polifacético, conciliador, diplomático, inteligente, soñador, visionario… Usted, que supo hilar el deporte y la política sin que lo uno engullese a lo otro. No he tenido la suerte de conocerle personalmente, pero sí de descubrirle, porque su figura me hizo pensar ya desde pequeño que el deporte era algo magistral.


Cuando este mediodía he encendido el ordenador he leído que se va, que nos deja, que ya no habrá más entrevistas en las que saber más de su vida, que su corazón ha dicho basta, como usted un día dijo aquello de … “á la ville de Barcelona”. ¡Qué grande aquello!, ¿verdad? Menos mal que en mi memoria siempre permanecerá aquella entrevista que leía un domingo cuando iba a jugar al fútbol. Adiós, señor Samaranch. Gracias.

miércoles, 14 de abril de 2010

Barça-Madrid: la cantera como diferencia

Artículo de Alfredo Relaño publicado el martes 13 de abril en el Diario As.

Cuando estaba echando cuentas para convertir el club en sociedad anónima, Gil decidió, recortando de aquí y de allá, liquidar la cantera. Le costaba como medio millón de euros al año, que pensó que eran un dispendio. Así que disolvió aquello, docenas de chicos se quedaron en la calle y varios ficharon por el Madrid. Uno de esos era Raúl. Años después, el club, consciente del error, rehízo la cantera. Entonces salió Torres, que tras cinco años metiendo goles y haciendo afición se fue al Liverpool y dejó en caja 40 millones de euros, el coste de la cantera en varias decenas de años. Y todavía es el eje sentimental de la afición atlética.

La cantera es la mejor inversión posible. No se hace de un día para otro, aunque sí se puede destruir de un plumazo. Pero si se hace con tiempo y mimo no hay nada que compense más, ni económicamente (aunque extraviados tiburones del negocio defiendan lo contrario) ni sentimentalmente. Un equipo cargado de cantera parte de una superioridad moral sobre el adversario, se identifica mejor con su afición, se agrupa con más facilidad en los malos ratos, tiene más sentido. Al Barça de hoy hay que agradecerle muchas cosas, pero sobre todo esa: que esté represtigiando la utilidad de trabajar bien la cantera.

¿Cuánto le hubiera costado reunir en un mismo equipo a los Xavi, Messi, Iniesta, Víctor y demás...? Pues eso le ha salido gratis. Y algún repescado, como Piqué, se ha sentido al regreso como en su casa. Todos estos palos de ciego que da el Madrid desde hace años tienen que ver con el descuido de esa parcela. El Madrid de los ye-yés, de los voluntariosos 'garcías', finalistas de Europa, de 'La Quinta del Buitre', de Raúl, Guti y Casillas (los últimos grandes) es hoy un club sólo comprador. Es verdad que sacar una gran generación es algo cuestión de suerte. Y la suerte existe, sí. Pero hay que salir a buscarla de madrugada con un azadón.

miércoles, 7 de abril de 2010

El día del obrero futbolista

Dice Tote, futbolista del Hércules de Segunda División, que “no hay huevos a realizar la huelga”. Se refería a la convocatoria de paro que ha propuesto el nuevo presidente de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), Luís Rubiales. Esa frase del delantero herculino dice mucho de la inacción que ha habido durante tantos y tantos años en el sindicato de los futbolistas.


Hasta que Rubiales se presentó como candidato, obligando a Gerardo González Movilla, ex presidente de la AFE, a convocar un proceso electoral , la AFE se dedicaba a amparar de manera más o menos prudente a los futbolistas de Primera y Segunda, con algún conato que huelga, más para quedar bien que para obligar. Los jugadores del resto de categorías eran huérfanos.


Sin embargo, el ímpetu de Rubiales le ha llevado a amenazar a la Federación Española de Fútbol y la Liga de Fútbol Profesional para solucionar una esperpéntica situación. Precisamente el ahora presidente del sindicato sufrió las penurias de un club en ruinas, como fue ese Levante en Primera que amenazó con no presentarse a varios encuentros, entre ellos uno en el Bernabéu.


Mucha atención le dieron los medios de comunicación, pero porque era en Primera y resultaba una novedad. Lamentablemente los impagos de los clubes de categorías inferiores no tan profesionalizadas, como Segunda B y Tercera, están al orden del día y, hoy por hoy, la novedad es que un club pague a sus trabajadores, ya que, al fin y al cabo, los futbolistas son trabajadores.


Rubiales ha emprendido un camino que le puede llevar a ser el más grande de los presidentes o el objetivo a derribar por los viejos elefantes que dirigen el fútbol español. Su intención es bondadosa. Busca presionar con el poder de los más grandes (Liga BBVA) para solucionar los problemas de ese Terrasa, de ese Alicante y de tantos y tantos clubes que no pagan a sus obreros.


Si el 1 de mayo es el día del trabajador, Rubiales, valiente, atrevido, con un espíritu jovial y luchador, pretende que el fin de semana del 16 y 17 de abril sea de los obreros futbolistas. Parece que Rubiales sí tiene huevos, pero, ¿el resto de futbolistas? Yo creo que no, que a los vanidosos jugadores de Primera que cobran millonadas les trae al pego que en Segunda B un compañero que es mileurista lleve ocho meses sin ingresar nada. Espero equivocarme, pero ese fin de semana sí habrá fútbol, por lo menos en Primera.


Fotos: El Confidencial.

sábado, 13 de marzo de 2010

Templanza

Un nuevo fracaso del Real Madrid. Todos han sido duros, pero en esta ocasión duele más por varias razones: la millonada gastada en verano, la esperanza de la afición, la final en el Bernabéu. Motivos, hace un día, que espoleaban a los madridistas hacia una noche mágica, y que ahora pesan como una losa: ¿para qué tanta inversión? ¿Ganará el Barça la Champions en Madrid? Parecía que el 2-6 había sido el culmen de los males, pero aún puede ser peor.


La pregunta que se deberá estar haciendo ahora Florentino Pérez es clara: ¿Y qué hago? Respuestas, a patadas. Cada uno tendrá la suya, cada aficionado tiene claro a estas horas de quién es la culpa, a quién hay que elegir de chivo expiatorio. Todo apunta a Manuel Pellegrini. Sinceramente, tenía esperanzas en el chileno, pero, a día de hoy, me ha defraudado. En dos momentos claves de la temporada le han dado una lección táctica: primero Anquela y, ayer, Claude Puel.


Sin embargo, ¿es la solución cargarse al entrenador? Puede ser, pero el Real Madrid lleva muchos años fagocitando entrenadores a un ritmo demencial. Me he acordado del mal inicio de Frank Riijkaard en el Barça. Y luego, ¡miren que resultados! Quizá por ello sea el momento de la “templanza”, como dice Valdano, confiar en el proyecto que se creó en verano, y esperar resultados para la temporada que viene. Porque ésta, ayer, quedó ya vista para sentencia en Concha Espina.

miércoles, 10 de febrero de 2010

¡Qué lástima de prensa!

Los últimos días en el mundo de la prensa deportiva española han estado salpicados por una especie de guerra entre Madrid y Barcelona por algo que Alfredo Relaño comenzó a llamar hace algún tiempo como el “villarato”. Aquella forma de crear campaña contra el presidente de la Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar, y contra el eterno rival del Real Madrid, el F. C. Barcelona, para desacreditar ciertos triunfos culés y justificar la mediocridad del madridista ha dejado ver qué hay bajo las faldas de la prensa deportiva de este país: exactamente lo mismo que en la prensa del corazón, sensacionalismo puro y duro.

La palabra “villarato” ha estado presente en la mayoría de los últimos artículos del gran periodista Relaño, a quien, pienso, que se le ha ido de las manos la situación. En la prensa deportiva se habla de los favores arbitrales al Madrid, de los beneficios que el Barça saca de los colegiados. Incluso, en el diario Marca hay una clasificación de “la otra Liga”, es decir, de la clasificación una vez corregidos los errores arbitrales. Correcciones que hace un diario totalmente madridista capaz de pedir en su portada a toda página una sanción perpetua para Gerard Piqué.
Es sabido que en España la prensa deportiva, y en especial, los diarios deportivos no son un ejemplo de imparcialidad, análisis objetivo ni fomento de los valores del deporte. Su encarnizada lucha con titulares cruzados, y manipulados en algunos casos, producen una cierta inestabilidad que no traerá nada bueno. Hasta se ha llegado a desacreditar los seis títulos del Barça. ¡Qué será lo siguiente!

Es una lástima que se enreden durante los siete días de la semana en gilipolleces a las que dedican 14 páginas, en lugar de darle un poco más de cancha al fútbol sala, al balonmano, al baloncesto o al skí. Quizá esto no tenga solución, y tengamos que ver todos los días en las portadas declaraciones nimias de tal y cual futbolista sobre la actuación arbitral de menganito o fulanito. “Es lo que vende”, dirán los directores de estos diarios. Evidentemente es lo que vende porque es lo único que se ofertan.

Para que el baloncesto salga en una portada tiene que ganar un Mundial; para que el fútbol sala tenga un hueco ha de conseguir cuatro Europeos (y no es seguro que se le dé mucha bola). Sin embargo, cuando uno mira las portadas de L´Equipe se da cuenta de que allí sí hay prensa deportiva y periódicos de verdad. ¡Lástima que nadie lo intente aquí!

lunes, 8 de febrero de 2010

Tiempos miserables

Una perla, otra más, de Santiago Segurloa

Esta es la Liga de Messi y Cristiano Ronaldo, de Xavi y Kaká, de Iniesta y Xabi Alonso, de Higuaín y Luis Fabiano, de Ibrahimovic y Benzema, de Casillas y Víctor Valdés, de Villa y Llorente, de Navas y Silva, del mejor Barça de la historia, del mejor Madrid de los últimos años, de brillantes jóvenes como Canales y Muniaín, de una selección maravillosa, de todo aquello que debería hacer felices a los aficionados y a los periodistas. Por desgracia, esta magnífica realidad queda sepultada por una visión belicosa y grosera. Sólo importa el ruido mediático y los desagradables personajes que genera. En nombre de aburridas y nunca demostradas teorías conspirativas nos dicen que abandonemos nuestro juguete, que no disfrutemos de este privilegiado momento, que desconfiemos de todo, que nos olvidemos del fútbol por falsario, que evitemos la diversión y elijamos una trinchera en las truculentas guerras que se desatan cada día en la prensa. Teníamos noticia de la degradación en otros ámbitos: basta echar un vistazo al miserable espectáculo de lo que un día se conoció como prensa del corazón y que ahora sólo es el reino de la bajeza. Definitivamente, este perverso modelo se ha impuesto en casi todas las instancias del periodismo. Se conceden premios prestigiosos a los difusores de la basura, se busca el agravio y el daño, se animan mediocres y violentas polémicas, se alimentan los instintos más bajos y los personajes más ridículos, se desacredita todo y nada se salva. Tampoco el fútbol. Una pena.

miércoles, 3 de febrero de 2010

El látigo de la sinceridad

Los resultados manda, y el Real Valladolid ha ganado tres partidos en las 20 jornadas que lleva la Liga. Ni el mismísimo José Luis Mendilíbar ha podido aguantar semejante despropósito de malos resultados. Mendi ya no es entrenador del conjunto blanquivioleta, pero allí, en Pucela, ha dejado una huella que difícilmente van a superar.


El técnico vasco ha estado tres temporadas y media en el Valladolid. Con una sublime primera campaña lo sacó de Segunda, con unos guarismos históricos y con un fútbol exquisito. Entonces se ganó un respeto que, incluso en su despedida, perdura, pese a la mala situación del equipo. Mendilíbar ha sido todo un icono, un entrenador querido, pese a que siempre ha rehuido de los focos y los flashes, de los elogios y los aplausos.


Su libro era sencillo: compromiso, humildad y trabajo. En su paso por el Ahtletic lo tacharon de duro, de llevar un látigo. No encontró el reconocimiento en Bilbao, pero sí en Pucela, donde la losa de los resultados se ha desplomado sobre él, igual que le pasó a Cantatore. “No hay estilo si los jugadores no están convencidos”, decía. Ese parece haber sido el problema.


Muchos fichajes este verano para renovar un equipo que mantenía la base del hace tres años. Los recién llegados no entendían la receta de Mendilíbar, no se ajustaban a su presión, a su exigencia. Es decir, no entendían que sin sufrimiento no hay recompensa. Mendi necesitaba que sus jugadores se identificaran con su forma de ver el fútbol. No lo han hecho.


Con Mendilíbar se va algo más que un entrenador. Se va un estilo, una línea editorial que el Valladolid ha tenido durante más de tres temporadas. Una tranquilidad, estabilidad y sensatez. A su cargo han corrido decisiones controvertidas, como cuando obligó a sus jugadores a no tirar el balón fuera porque un rival estuviera lesionado en el césped. Ahora, casi todos los equipos siguen esa norma. “Para eso está el árbitro”, decía.


También ha exasperado a la prensa con sus declaraciones. Simplemente era directo, sincero, no daba rodeos y odiaba las preguntas tontas, y si salía una estrella de la cantera, como ocurrió con Asenjo, le prohibía hablar con la prensa para que no se le subiese la fama. Se buscó enemigos, claro, como todos; pero muchos adeptos. Es cierto, Mendilíbar utiliza un látigo, el de la sensatez, pero sobre todo el de la sinceridad.