El objetivo

El equipo ganador es el que se levanta el primero después de una derrota

miércoles, 10 de febrero de 2010

¡Qué lástima de prensa!

Los últimos días en el mundo de la prensa deportiva española han estado salpicados por una especie de guerra entre Madrid y Barcelona por algo que Alfredo Relaño comenzó a llamar hace algún tiempo como el “villarato”. Aquella forma de crear campaña contra el presidente de la Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar, y contra el eterno rival del Real Madrid, el F. C. Barcelona, para desacreditar ciertos triunfos culés y justificar la mediocridad del madridista ha dejado ver qué hay bajo las faldas de la prensa deportiva de este país: exactamente lo mismo que en la prensa del corazón, sensacionalismo puro y duro.

La palabra “villarato” ha estado presente en la mayoría de los últimos artículos del gran periodista Relaño, a quien, pienso, que se le ha ido de las manos la situación. En la prensa deportiva se habla de los favores arbitrales al Madrid, de los beneficios que el Barça saca de los colegiados. Incluso, en el diario Marca hay una clasificación de “la otra Liga”, es decir, de la clasificación una vez corregidos los errores arbitrales. Correcciones que hace un diario totalmente madridista capaz de pedir en su portada a toda página una sanción perpetua para Gerard Piqué.
Es sabido que en España la prensa deportiva, y en especial, los diarios deportivos no son un ejemplo de imparcialidad, análisis objetivo ni fomento de los valores del deporte. Su encarnizada lucha con titulares cruzados, y manipulados en algunos casos, producen una cierta inestabilidad que no traerá nada bueno. Hasta se ha llegado a desacreditar los seis títulos del Barça. ¡Qué será lo siguiente!

Es una lástima que se enreden durante los siete días de la semana en gilipolleces a las que dedican 14 páginas, en lugar de darle un poco más de cancha al fútbol sala, al balonmano, al baloncesto o al skí. Quizá esto no tenga solución, y tengamos que ver todos los días en las portadas declaraciones nimias de tal y cual futbolista sobre la actuación arbitral de menganito o fulanito. “Es lo que vende”, dirán los directores de estos diarios. Evidentemente es lo que vende porque es lo único que se ofertan.

Para que el baloncesto salga en una portada tiene que ganar un Mundial; para que el fútbol sala tenga un hueco ha de conseguir cuatro Europeos (y no es seguro que se le dé mucha bola). Sin embargo, cuando uno mira las portadas de L´Equipe se da cuenta de que allí sí hay prensa deportiva y periódicos de verdad. ¡Lástima que nadie lo intente aquí!

lunes, 8 de febrero de 2010

Tiempos miserables

Una perla, otra más, de Santiago Segurloa

Esta es la Liga de Messi y Cristiano Ronaldo, de Xavi y Kaká, de Iniesta y Xabi Alonso, de Higuaín y Luis Fabiano, de Ibrahimovic y Benzema, de Casillas y Víctor Valdés, de Villa y Llorente, de Navas y Silva, del mejor Barça de la historia, del mejor Madrid de los últimos años, de brillantes jóvenes como Canales y Muniaín, de una selección maravillosa, de todo aquello que debería hacer felices a los aficionados y a los periodistas. Por desgracia, esta magnífica realidad queda sepultada por una visión belicosa y grosera. Sólo importa el ruido mediático y los desagradables personajes que genera. En nombre de aburridas y nunca demostradas teorías conspirativas nos dicen que abandonemos nuestro juguete, que no disfrutemos de este privilegiado momento, que desconfiemos de todo, que nos olvidemos del fútbol por falsario, que evitemos la diversión y elijamos una trinchera en las truculentas guerras que se desatan cada día en la prensa. Teníamos noticia de la degradación en otros ámbitos: basta echar un vistazo al miserable espectáculo de lo que un día se conoció como prensa del corazón y que ahora sólo es el reino de la bajeza. Definitivamente, este perverso modelo se ha impuesto en casi todas las instancias del periodismo. Se conceden premios prestigiosos a los difusores de la basura, se busca el agravio y el daño, se animan mediocres y violentas polémicas, se alimentan los instintos más bajos y los personajes más ridículos, se desacredita todo y nada se salva. Tampoco el fútbol. Una pena.

miércoles, 3 de febrero de 2010

El látigo de la sinceridad

Los resultados manda, y el Real Valladolid ha ganado tres partidos en las 20 jornadas que lleva la Liga. Ni el mismísimo José Luis Mendilíbar ha podido aguantar semejante despropósito de malos resultados. Mendi ya no es entrenador del conjunto blanquivioleta, pero allí, en Pucela, ha dejado una huella que difícilmente van a superar.


El técnico vasco ha estado tres temporadas y media en el Valladolid. Con una sublime primera campaña lo sacó de Segunda, con unos guarismos históricos y con un fútbol exquisito. Entonces se ganó un respeto que, incluso en su despedida, perdura, pese a la mala situación del equipo. Mendilíbar ha sido todo un icono, un entrenador querido, pese a que siempre ha rehuido de los focos y los flashes, de los elogios y los aplausos.


Su libro era sencillo: compromiso, humildad y trabajo. En su paso por el Ahtletic lo tacharon de duro, de llevar un látigo. No encontró el reconocimiento en Bilbao, pero sí en Pucela, donde la losa de los resultados se ha desplomado sobre él, igual que le pasó a Cantatore. “No hay estilo si los jugadores no están convencidos”, decía. Ese parece haber sido el problema.


Muchos fichajes este verano para renovar un equipo que mantenía la base del hace tres años. Los recién llegados no entendían la receta de Mendilíbar, no se ajustaban a su presión, a su exigencia. Es decir, no entendían que sin sufrimiento no hay recompensa. Mendi necesitaba que sus jugadores se identificaran con su forma de ver el fútbol. No lo han hecho.


Con Mendilíbar se va algo más que un entrenador. Se va un estilo, una línea editorial que el Valladolid ha tenido durante más de tres temporadas. Una tranquilidad, estabilidad y sensatez. A su cargo han corrido decisiones controvertidas, como cuando obligó a sus jugadores a no tirar el balón fuera porque un rival estuviera lesionado en el césped. Ahora, casi todos los equipos siguen esa norma. “Para eso está el árbitro”, decía.


También ha exasperado a la prensa con sus declaraciones. Simplemente era directo, sincero, no daba rodeos y odiaba las preguntas tontas, y si salía una estrella de la cantera, como ocurrió con Asenjo, le prohibía hablar con la prensa para que no se le subiese la fama. Se buscó enemigos, claro, como todos; pero muchos adeptos. Es cierto, Mendilíbar utiliza un látigo, el de la sensatez, pero sobre todo el de la sinceridad.